"Después de 48 horas, solo un chico seguirá vivo"
Capitulo VII
Era un día soleado, las flores y las plantas que se veían desde la ventana estaban abriéndose, como si nos mostraran su fuerza de voluntad. Con el recordatorio constante de la cuenta atrás, parecía que nuestra vida iba evaporándose en los coloridos alrededores de la casa.
2 horas más tarde, Luhan bajó las escaleras.
—Gracias —le dije, sabiendo que él me entendería.
—No hay de qué —no expresó ni la más mínima intención de hacerme caso y se acercó a Sehun, que estaba en una esquina y que por un momento entrecerró los ojos y reveló una sonrisa.
—¿Estás bien? —Luhan se acercó y le acarició el pelo.
—Me duele un poco el estómago —Sehun se frotó la barriga aunque sus ojos permanecían fijos en la cara de Luhan.
—Eso es porque bebiste alcohol con el estómago vacío, tienes que comer algo. Eh… no tenéis…—se volvió a mirarme a mí— ¿No tenéis comida?
Sehun se frotó el estómago otra vez y le susurró algo a Luhan al oído, éste pareció calmarse y sonrió. Sehun se lo llevó a toda prisa a la cocina, probablemente para darle otro sándwich.
Agaché la cabeza, todos apreciaban mucho a Luhan. ¿Si yo estuviera en el otro equipo, el tonto que tenía al lado mío en ese momento me habría dicho que tenían comida? Miré a Lay. Esa mañana, otra persona más había caído antes de que tuviera tiempo de peinarse siquiera, y su pelo parecía un nido deshecho, tenía las manos metidas en los bolsillos y la mirada gacha, fija en un punto del suelo. Me pregunté en qué estaría pensando.
Si se lo dijo a Luhan, supongo… que probablemente también me lo habría dicho a mí. Me reconforté a mí mismo con esa idea y decidí que a partir de ese momento iba a tratar mejor a Lay.
Chanyeol bajó las escaleras, su expresión no era ni de lejos tan alegre como solía ser.
—¿Qué tal? —le pasé brazo sobre los hombros—. ¿Has memorizado del todo el rap que teníamos que grabar para el MV hoy?
Levantó sus grandes ojos para mirarme, pero no dijo nada.
—No tienes por qué lamentarte —lo miré—. Deberías aprender de Luhan, es un juego, ¿no? —dije, y señalé a la cocina.
Agachó la cabeza, parecía que estuviera pensando en algo y un momento después dijo:
—No quiero matar a nadie.
—Yo tampoco —le contesté—. Entonces, ¿quieres vivir?
Lo pensó un poco y asintió vigorosamente.
—Matarme o morir, ¿qué elegirías? —le pregunté, bromeando.
Rompió un pequeño silencio y dijo:
—¿Y tú? ¿Matar a Lay-hyung o morir, qué elegirías?
Miré hacia donde estaba Lay, en su mundo, parecía que su alma ya se hubiera esfumado de su cuerpo. Le di unas palmaditas a Chanyeol en el hombro y le dije al oído:
—No puedo compararme contigo, yo soy mucho más egoísta.
—Si esa es la única forma de sobrevivir, prefiero morir.
Se quedó de pie detrás de mí. Bajé la cabeza con remordimiento, esa perspectiva para mí desapareció cuando tenía 10 años. Sonreí y me di la vuelta para mirarlo:
—Es más fácil decirlo que hacerlo —le dije, le di la espalda y me marché.
A mediodía, todos estábamos en el salón, la sed había acabado con nuestras fuerzas incluso para hablar. Tao se bebió él solo una botella entera de vino, me miraba fijamente con esos ojos que se esforzaba por mantener abiertos en su estado de embriaguez.
Chanyeol y Baekhyun estaban tumbados en el sofá, observándose las palmas de las manos, Chanyeol gritó con tono exagerado que éste iba a ser un mal año para él. Eso me recordó que este año cumpliría mi mayoría de edad, y también Luhan.
—Deja de mirarme, no llevo ropa interior roja —me llegó el sonido de su voz aunque me estaba dando la espalda, como si supiera que estaba pensando en él.
—Hyung, ¿qué has dicho? —preguntó Sehun, inclinándose hacia él.
—He dicho que estoy teniendo mala suerte este año —alargó la mano para tocarle las orejas a Sehun.
—Vas a sobrevivir —dijo Sehun entrecerrando los ojos.
Luhan se rió:
—Bueno, haré lo que pueda.
—Hyung, si me muero, ¿te pondrás triste? —Sehun lo miró a los ojos.
Luhan levantó el brazo como a cámara lenta y le acarició el pelo a Sehun.
—No he tenido la oportunidad de ver tu casa en Beijing —Sehun agachó la cabeza y ser retorció las manos nerviosamente.
Vi como los ojos de Luhan se dirigían hacia la ventana y parecía que fuera a decir algo, pero se tragó sus palabras. Yo sabía que se parecía a mí, que no llamaba a menudo a sus padres.
Me hice amigo de Luhan en 2008.
Por varias razones, tuvo que esperar dos años para poder firmar su contrato con la empresa, y durante ese tiempo, incluso hizo audiciones para otras compañías. Justo al final, cuando estaba a punto de rendirse, una oportunidad se presentó frente a él. Al debutar, siempre hablábamos de su camino hasta el debut como si no hubiera sido nada, pero sinceramente, yo sabía que su preparación fue más dura y llevó más tiempo que la de los demás.
Tanto Lay como yo hicimos audiciones en China antes de ir a Corea, pero él tuvo que esperar en Corea a que la oportunidad de la audición le llegara.
La entrada en la compañía no fue tan difícil para él, ya que tenía un nivel aceptable de coreano además de su más único e inigualable talento: hacer amigos. Al principio a mí no me gustaba demasiado, en su larga lista de amigos parecía que yo era la única excepción; y eso que compartíamos el idioma y teníamos un amigo en común, Lay. Pero éramos dos personas que, aunque tenían todos los requisitos para llevarse bien, simplemente empezaron a evitarse mutuamente.
Al debutar, a Luhan le impusieron la tarea de ser "mono y adorable", y como era capaz de adaptarse a todo, aprendió rápidamente las reglas del juego y cómo aplicarlas. Tenía una apariencia y una personalidad que podían compararse a las mías, y además era mayor que yo, y se integró muy bien en el grupo. Sin embargo, simplemente no conectábamos. Yo prefería salir con Tao, que me idolatraba, y a él le gustaba estar con Lay, lanzándose pullas el uno al otro.
Aparentemente a todos nos gustaba hacernos amigos de gente que no supusiera una amenaza. Luhan apenas volvía a su casa, ni siquiera llamaba, no como Lay y Tao que llamaban casi día sí, día no. Era excepcionalmente parecido a mí en este aspecto, pero nunca hablábamos de ello. Lo cierto es que la personalidad de Luhan no era tan adorable, odiaba tener que actuar de forma mona y yo no estaba seguro de que estuviera agradecido por tener que representar ese papel. En privado, no le gustaba mucho hablar, normalmente se le veía fumando cuando no había nadie alrededor. Fumaba muchísimo.
—¿Vas a volver a casa el mes que viene? ¿Puedes llevar unas cosas de mi parte? —Pocas veces me pedía ayuda, así que esto me causó mucha impresión.
—¿El qué? Que no pese mucho —le dije.
—No, no pesa —me dio un paquete blanco—. No es nada caro, gracias por hacerme el favor.
Siempre tan educado, supongo que lo hacía por mi apariencia distante.
En el paquete había unos pendientes preciosos. Se los di a la chica, pero ésta no parecía tan contenta como me esperaba.
—Gracias, y perdón por las molestias —dijo ella, y cogió la caja pero ni siquiera le echó un vistazo antes de meterla en su bolso.
—Esto… ¿no quieres que le dé ningún mensaje a Luhan? —le pregunté, incómodo.
—Dile que… trabaje duro —la cara de la chica era tranquila, como el agua—. Y que no me vuelva a enviar nada, nunca más.
Le di a Luhan el primer mensaje, no el segundo. En ese otoño en Seúl, aún recuerdo su expresión indiferente. En los años que siguieron, Luhan mantuvo su vitalidad, su popularidad e incluso su locura… Tenía a su mejor amigo, Oh Sehun, debutamos y alcanzamos más fama y popularidad, sin embargo, seguía escondiéndose en sitios donde sus fans no pudieran encontrarlo para calmar su necesidad de nicotina.
Eran esos pequeños cambios, los invisibles, como esa expresión que acababa de poner… Yo no era íntimo amigo suyo, pero nunca se me escapaban esas pequeñas cosas que para los demás pasaban desapercibidas.
Tal vez es que éramos así de parecidos.
Oh Sehun se sentó en una esquina de la habitación, mirando en silencio a la máquina de baile Dance Revolution que había a su lado. De repente, le brillaron los ojos.
—A lo mejor todos nos hemos equivocado...
Esas dos máquinas a las que no les habíamos prestado atención alguna tenían un pequeño cartel colgado:
“Queridos chicos,
¿queréis un poco de agua?
Tendréis que pelear por ella.
Todos sois buenos bailando, ¡elegid a uno de cada equipo!
El que gane, se lleva el agua. El que pierda, un pequeño castigo.”
—¡Joder! —agarré el cartel y me ensañé con la máquina de baile, dándole patadas como loco, Lay vino y me abrazó por detrás—. ¡¿Os parece divertido, joder?! —me di la vuelta y le grité al reloj de la cuenta atrás hasta que Lay me empujó al sofá.
Jadeó y se me quedó mirando, yo le devolví la mirada hasta que momentos después admití mi derrota y eché la cabeza hacia atrás. Había usado hasta la última gota de mi saliva, no quería volver a hablar.
Todos se quedaron callados, aunque el baile era la base de nuestro trabajo, todos estábamos deshidratados y habíamos perdido las fuerzas para movernos, mucho menos para bailar. Además, había que tener en cuenta el “pequeño castigo”. Pero si no bailábamos, no tendríamos agua. Mientras pensaba esto, se me olvidó el paso del tiempo hasta que la voz de Kai me despertó de mi trance.

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